Ilusiones (Relato)

martes, 18 de mayo de 2010

Ya he dejado de llorar, pero mi angustia no ha cesado. El suplicio es intenso, ahora sé que estará siempre en mí, presente como un rastro perenne que evocará el pasado. Ya no puedo retractarme, tengo la concepción de que lentamente encontraré el deleite, la satisfacción en esta tortura. Ellos fueron el fruto de mi carne, el fruto de mi alma, el fruto de mi vida. Pero los he sacrificado a todos. Sobrepasé el dolor, el obsceno deseo fue tan intenso que desplazó los instintos de mi propia naturaleza. ¿O es que muy dentro de nosotros habita aquel impulso malévolo como una porción ineludible de nuestro ser? Todo esto es tan inverosímil, nunca pensé que podía aflorar en mí el Demonio de la perversidad, el que Allan Poe comprendió tan perfectamente. La sacrifiqué también a ella, que representaba en sí misma todo lo hermoso que he anhelado siempre, durante tantos años, espléndidos y tormentosos, me amó de manera incondicional. ¿Será bueno seguir recordando? Todas mis obras, mis creaciones, mis trabajos, todo de lo que alguna vez estuve rodeado lo destruí sin contemplación, ebrio con el ardor desenfrenado del deseo. Supongo que con el tiempo olvidaré todos estos recuerdos. Mis más arraigadas creencias, mi fe, mi necesidad espiritual bondadosa. He acabado con todo, con absolutamente todo.

Y ahora me postro ante ti, que una vez me tentaste con aquellas encantadoras piezas. Me prometiste que serían mías si lograba superar mi voluntad, mis propensiones, mi naturaleza humana y conservadora. Lo logré, he alcanzado la meta que me asignaste. He descendido a tu infierno, aun en mi condición de humano. He atravesado estas tinieblas, pobladas de los espectros malditos que una vez fueron como yo, pero que ya jamás tendrán la oportunidad que me has dado tú. ¡Ahora dámelas! Entrégame mis alas, concédeme la posibilidad de volar, así como lo prometiste.

Jesús Torres

1 comment

Cristy López dijo...

me encanta Allan Poe, estoy segura que serás mejor que él. Te felicito.

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